La festividades modernas PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:11

El siglo de la modernidad traería consigo el fortalecimiento de las fiestas patronales, motivadas entre otras cosas, por un amplio negocio de licor.  En suma a ello estaban las religiosas originarias de la colonia, las patrias, políticas (elecciones), y ahora las fundamentadas en atraer a turistas.  Todo ello con  un amalgama cultural suscitado por la migración que no ha dejado de traer gente a Fusagasugá, primero buscando trabajo en los cafetales y luego con la promesa de una vida mejor.

La fiesta dejó de realizarse de manera exclusiva en la plaza y los salones de las casas de los personajes más influyentes del municipio, para producirse en las chicherías, cantinas, bares, prostíbulos, discotecas y clubes.  Este tipo de nuevos escenarios va a tener a la chichería como uno de los más significativos, no sólo por su número, también porque fue allí al lado del licor y la música -a veces el baile- los machos definían las tácticas de protestas a utilizar en defensa de sus derechos, vulnerados por los hacendados cafeteros, mientras las mujeres escuchaban y grababan las distintas retóricas para que al día siguiente ellas mismas reanudaran las conversaciones rotas por la embriaguez.

 
El siglo XIX y el inicio de la riqueza en la fiesta PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:11

Los días de fiesta del siglo XIX se iniciaban a las cuatro de la mañana, ya que generalmente coincidía con un día de mercado; era por tanto necesario resolver la venta de productos en la mañana para después de medio día adentrarse en el desfogue de las emociones humanas. Durante esta centuría se sumaron a las fiestas de origen cristianos, las políticas, en donde se comenzó a conmemorar la independencia.

Lentamente comenzaban a brotar de entre el cerro Fusacatán los primeros rayos del sol, los cuales eran acompañados con los repiques de las campanas de la iglesia y este sonido se mezclaba con el de las chicharras y algunos toches, mientras se iba calentando el aire.  Adjunto a ello aparecían los colores de los vestidos de quienes habían poblado en tampoco tiempo la plaza, los cuales no eran muy engalanados y que consistían para los hombres en calzoncillos (pantalones cortos) de lienzo, los cuales fueron algún día blancos pero la intemperie y el trabajo les dio una tonalidad amarillenta, además de este color existía negro y azul ; la camisa parecía haber sufrido el mismo cambio de apariencia que los pantalones de la mayoría de aquellos sujetos, siendo el blanco quien reinaba en dicha prenda (aunque las coloraciones claras también se hacían presentes), la cual era suelta y generalmente enrollada hasta un poco más abajo del codo.  Pero esta vestimenta debía ser adornada por la ruana y el sombrero, la primera variaba entre el azul, negro, blanco y ocre, los cuales se diferenciaban por las formas de las líneas que la adornaban, como un recuerdo vivo del interés indígena por las líneas, espirales y rombos; en cuanto al sombrero, las opciones eran pocas, puesto que en su mayoría provenían de Santander y se les llaman de jipijapa, los cuales se limitan a un color crema, que con el paso de los días y el sudor se oscurecía.

 
San Pedro y la chicha PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:09

Sincretismo a flor de piel

La cultura europea se impuso a la nativa, violencia evidente que se hace palpable en la fiesta.  Los rituales indígenas son sustituidos por celebraciones cristianas; Año Nuevo, Semana Santa, Corpus Christi, San Pedro, San Juan y Navidad, desplazan a la luna y a las estrellas.  El aguardiente debe desplazar a la chicha y al guarapo, la llegada de un nuevo cacique se hace marginal con el arribo de un nuevo rey, virrey, corregidor o cura.

El desplazamiento a La Aguadita o al Quininí, se remplazó por misas y corridas de toros.  El nuevo espacio urbano, que dio cabida al pueblo de indios de Fusagasugá, se originaba en un cuadrado, denominado la plaza mayor, fue el escenario de procesiones, misas, baile y música. En torno a ella se rezaba, pues en cada una de sus esquinas existía una ermita (característica del pueblo de indios), junto a las cuales los indios se detenían mientras se escuchaban cantos gregorianos. 

La fiesta incluye también nuevos aires musicales, por ende distintos instrumentos para interpretarla, tales como la guitarra, la vihuela, campanas, arpas, flautas, trompetas, mandolinas y hacia los siglos XVII y XVIII se comienzan a encontrar los violines, tambores, clavicordios, acordeones y órganos.

Las instituciones coloniales de los cabildos y cofradías no pudieron evitar que se conservaran y se mezclaran tradiciones indígenas autóctonas y tradiciones africanas con creencias religiosas cristianas y valores culturales españoles. Esta mezcla de una y otra cultura, en una nueva síntesis, es la que se denomina como sincretismo que, en opinión de Fals Borda, fue otro de los mecanismos de supervivencia utilizado por las clases dominadas.

 
La chicha deidad soberana PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:07

Apuntes sobre  la historia prehispánica de la fiesta

La chicha  es el contacto con la madre tierra, con el maíz.  El tipo de licor identifica los rasgos culturales de una sociedad, que en nuestro no podía ser otro que la chicha; en el altiplano, la vertiente y hasta en el valle, es el maíz el producto agrícola por excelencia.

La chicha es mujer, no sólo por la relación espiritual entablada con la madre tierra -con el maíz- , sino porque la preparación de esta bebida es responsabilidad femenina, es ella quien al masticar el grano y gracias a las composiciones químicas de su saliva convierte el almidón en azúcar e inicia el proceso de fermentación.

La bebida fue utilizada por los indígenas de dos maneras.  La primera, como refresco, utilizado diariamente en medio de las labores cotidianas y sin mayor fermentación.  La segunda, como licor, donde la fermentación pululaba y se utilizaba para beber en la fiesta, momento en el que se hacían prácticas religiosas, invocando a los dioses y protegidos a su vez por uno de ellos, cuando menos mientras duraba la celebración, quien se denominaba Nemcatacoa, divinidad festiva, similar, sí se quiere, a Baco. En este marco, la mujer preserva su cualidad desde el inicio de la humanidad, la de guardiana de la memoria, pues no sólo prepara la chicha, sino que motiva que la oralidad -mecanismo de comunicación por ese entonces- reaparezca constantemente.

 
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