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Viernes, 09 de Julio de 2010 03:58

El tibio valle en donde reposa la pujante localidad, fue habitado desde la eternidad de los tiempos por los indí­genas Sutagaos o Soagagores que en lengua Chibcha traduce "Hijos del Sol" De ellos no se tiene la certeza si pertenecieron al gran imperio de los Muiscas o si, por el contrario, mantení­an su propio territorio como nación Independiente. El cacique Fusungá era el poderoso señor de esta etnia milenaria.

 
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Viernes, 09 de Julio de 2010 03:58

La historia de América Latina se ha contado de manera segmentada, fraccionada, en la que las élites nacionales, provinciales y locales han narrado sucesos en el marco de un positivismo a medias, inmerso en un discurso romántico y con intensiones de constituirse en moderno.  Fusagasugá no ha sido la excepción, pues desde el siglo XIX, principalmente, los mandamases, los dueños del pueblo, nos incluyeron en su historia, a pesar, de todos los muertos, pobres y niños sin padres que deambulan en el Leteo, a la espera de una balsa con un tripulante que escuche sus voces.

 
Censo Nativo PDF Imprimir E-mail
Viernes, 09 de Julio de 2010 03:57

En 1595 en visita del Oidor Miguel de Ibarra, se realizó quizá el primer censo del pueblo. Se contabilizaron 759 habitantes capitaneados por el cacique Don Alonso Uzaque. 0cho capitanes, 220 tributarios, ocho reservados, cuatro ausentes y 518 mujeres y niños, hací­an parte de aquel pueblo que más bien era resguardo. Por su parte 165 años después, el 12 de febrero de 1760, en visita del Oidor Joaquí­n de Aróstequi y Escoto, de aquellos primitivos habitadores Sutagaos tan sólo quedaban 33, mientras que los estancieros españoles y criollos sumaban 644 en 109 familias.

 
El dilema fundacional PDF Imprimir E-mail
Viernes, 09 de Julio de 2010 03:56

Fusagasugá celebra su fundación desde la década de los ochenta del siglo XX, el 7 de mayo de 1776, luego de la publicaciún de la Enciclopedia de la Historia de Cundinamarca, escrita por Roberto Velandia. Sin embargo, es bastante común obviar las críticas y suponer que nuestro municipio adquirió vida a partir de la fecha en mención. La apreciación no es cierta y solamente obedece a un intento de la historiografía tradicional por blanquear los orígenes de las poblaciones.

 
Lazaro Fonte PDF Imprimir E-mail
Domingo, 04 de Abril de 2010 21:45

Lázaro Fonte pertenecía á una familia notable de Cádiz, de origen portugués, quien se dedicó á la marina desde su niñez, y así pasó á Santa-Marta como Capitán de navío, no sabemos en qué año.

En la Expedición conquistadora del Nuevo Reino de Granada parece que se lució en todas circunstancias; pero las crónicas de la época no mencionan ninguna proeza suya, sino la ejecutada en el sitio de Cajicá. Refieren que, como los Españoles vacilaran sobre si debían atacar á los Indios del Zipa refugiados en una fortaleza que éste tenía en Cajicá, ó si ponían fuego al cercado de madera para obligarles á salir, Lázaro Fonte, que mandaba la vanguardia, hizo alto á alguna distancia del edificio. Mientras que se discutía lo que se pudiera hacer, de repente se abrió la puerta del cercado indígena, y se presentó fuera de él un Indio grande, fuerte y fornido, el que, armado con macana, arco y flechas, empezó á dar grandes y destempladas voces.

Fonte, que estaba á caballo, preguntó á los intérpretes qué significaban los ademanes feroces del guerrero muisca, y le contestaron que, siendo el hombre más valiente de todo el ejército del Zipa, le mandaban á que desafiase á singular combate á cualquier soldado español que quisiese luchar con él cuerpo á cuerpo, burlándose de antemano de la audacia del que aceptase el duelo. El Capitán se sonrió, y metiendo las espuelas á su caballo, en dos vuelos fué á parar cerca del Indio belicoso, y sin darle tiempo, le tomó por los cabellos, le levantó del suelo, como si fuese una pluma con armas y todo, y le llevó, más muerto que vivo y temblando de terror, hasta el centro del campamento español, en donde le recibieron con estrepitosas carcajadas. Aquella audaz hazaña bastó para que los asombrados indígenas que guardaban la fortaleza se pusiesen en derrota, y huyesen despavoridos, dejando desamparada la posición.

Lázaro Fonte era muy querido entre sus subalternos, y respetado y acatado por los indígenas, quienes veían en el un sér superior y sobrenatural. Pero andando el tiempo, aquella popularidad envaneció por demás al joven Capitán, pues se jactaba de la influencia que tenía en el ejército, hasta el punto de ejercerla más de lo que convenía al orden y disciplina de la tropa. De otra parte, sus brillantes prendas habían despertado la envidia de muchos de sus compañeros, y éstos no tenían embarazo en llevar chismes contra él á Quesada, y envenenar por una parte y por otra las desavenencias que suscitaron entre el caudillo y el oficial. Al fin Quesada, fuera de paciencia, resolvió hacer prender á Fonte, con el pretexto de que había rescatado ocultamente, y para su uso, una esmeralda valiosa, cuando era prohibido que se hiciese ningún negocio con los indígenas, sino en provecho general, para ser repartido entre todos. Aunque no se pudo probar el delito (que por cierto no era muy grave), el General Quesada estaba tan exasperado con Fonte que, sin fórmula de juicio y por sí y ante sí, le condeno á muerte.

Aquella noticia cundió entre la tropa en un momento, y todos corrieron a pedir á Quesada con súplicas y lágrimas que revocase la sentencia. Pero aquellas mismas señales de dolor irritaron más la cólera del General, y mientras más le suplicaban, más aseguraba que Fonte moriría degollado, sin remedio. Al fin encerróse con Quesada el bravo y respetable Gonzalo Suárez Rondón, y fueron tan convincentes las razones que le dió para que no se llevase á cabo la sentencia, que Jiménez de Quesada vino en revocarla, condenando á Fonte á destierro entre los Indios Panches. La alegría que causo la revocatoria de la sentencia se convirtió en pena cuando supieron á dónde debía marchar el mísero gaditano; pues aquella conmutación era peor que la muerte, siendo los Panches tan sanguinarios que de seguro matarían al Español con la mayor crueldad. Volvieron los principales Oficiales á suplicar á Quesada que cambiase el sitio del destierro de Fonte, y al fin obtuvieron que fuese enviado á Pasca, lugar que dista pocas leguas de Santafé por el lado del Sur, y que estaba poblado por una tribu indígena que no había querido entrar en alianza con los Españoles, pero que se decía era menos feroz que los Panchés.

II

Empezaba el año de 1539 cuando Lázaro Fonte salió del caserío de Santafé, acompañado de una escolta que debía dejarle entre los Pascas, y seguido por una india “que le servía, dice Piedrahita, y le había cobrado amor." Trasmontadas algunas escarpadas serranías, los Españoles avistaron el pueblo de los Pascas, que habían desamparado sus habitantes apenas tuvieron noticia de la aproximación de los invasores, y bajando al caserío, la escolta dejó allí al desterrado y regresó á su campamento.

Asilóse Fonte en una casa con la india que le había seguido, y habiendo llegado la noche se entregó al sueño, aunque con mucho recelo, de que regresasen los Indios á su pueblo y al verle allí inerme le matasen. Pero ¡cuál no sería su sorpresa, al clarear el día siguiente, cuando se vió rodeado de Indios que en vez de quererle asesinar le manifestaban con claras señas que le respetaban y le obsequiaban con toda clase de alimentos! Esto era lo que había sucedido mientras que su amo dormía, la india había salido de la desamparada población, y conociendo el sitio donde estaban ocultos los Pascas había ido á buscarles para darles la noticia de que en su caserío quedaba un |hijo del Sol, abandonado por los suyos porque se había opuesto, decía ella para agradarles, á que saqueasen y quemasen la población, como lo intentaban los Españoles; y que entonces, para vengarse de su misericordia, le habían dejado allí, pensando que los Paseas le matarían. Pero, añadía, aquello no lo conseguirían, porque ella tenía la seguridad de que los Indios nunca podrían ser tan desagradecidos que sacrificasen al mismo que había defendido la población abandonada. Efectivamente, los Pascas no solamente no hicieron ningún mal á Lázaro Fonte, sino que le trataron muy bien y le consideraron al igual que su Cacique.

Treinta días había permanecido Fonte en Pasca, cuando tuvo noticia de que por el otro lado de la serranía oriental avanzaba á marchas forzadas una tropa de hombres que llevaban armas de fuego, caballos y perros. Olvidó al momento el Español el resentimiento que tenía contra Quesada, y resolvió enviarle la noticia para que estuviese sobre aviso. Mandó inmediatamente á los indígenas, que le obedecían como á su caudillo, que le preparasen una piel de venado bien bruñida, y con el color de vermellón que da la |vija escribió á Quesada en la piel, participándole lo que sucedía y previniéndole para que se apercibiese á defender á todo trance su conquista. Una vez preparada su curiosa misiva, pidió al Cacique un mensajero de toda confianza y le despachó prontamente para Santafé.

Acababa Quesada de tener noticia de la llegada de Belalcázar por el Sur, cuando recibió la |carta de Fonte, y, muy agradecido del buen comportamiento del Capitán, resolvió perdonarle, alzarle el destierro y enviar á Gonzalo Suárez Rondón á reconocer la tropa que le anunciaba aquel y acompañarle éste de regreso a Santafé. En Pasca encontró Rondón á la tropa de Federmann que llegaba de Venezuela, y con Fonte y un delegado del General venezolano regresó al campamento de Quesada, en donde fueron recibidos con muchas demostraciones de contento.

Aquí concluyen las noticias circunstanciadas que tenemos del Capitán Fonte. Los cronistas apenas añaden que, habiendo el recuperado la amistad de Quesada, fué nombrado uno de los primeros Regidores de  Santafé; pero no permaneció en el Nuevo Reino, sino que pasó al Perú, y al cabo de algunos años murió en la ciudad de Quito. Sin embargo, bastan los dos rasgos característicos que acabamos de narrar, para dar idea clara de lo que fué este hidalgo aventurero, cuya persona está delineada con lucidez en estas pocas pinceladas; y así conocemos mejor su carácter, que el de otros Capitanes más importantes en la historia de la Conquista.

Laabla

 
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Martes, 20 de Noviembre de 2007 20:25

La llegada de los españoles a la región se hizo dentro de un proceso de poblamiento iniciado desde Santa Marta por Pedro de Lugo, donde Gonzalo Jiménez de Quesada era simplemente un expedicionario sin la capacidad de fundar. Salió este último en 1538 con la misión de informar a Lugo sobre tierra firme, pero luego de varios meses de penurias y donde los Muiscas les arrojaron al valle de las tristezas (Neiva) se estableció en el altiplano. Meses después llegaron Federman y Belalcazar y el 27 de abril de 1539 se fundó definitivamente Bogotá.

 


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