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La Mujer del Oso PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 05 de Diciembre de 2007 18:50

Cuentan los habitantes de San Bernardo del misterioso caso de Magolita, antigua pobladora del municipio, quien salió a la quebrada a lavar ropa y no volvió; días después unos campesinos que pasaron por allí se miraron asustados unos con otros y comprendieron que los objetos allí encontrados eran de Magolita, conocida por todos los habitantes del pueblo ya que ella vendía quesos y huevos todos los jueves en el mercado; también encontraron unas enormes huellas que creyeron eran de un enorme animal. Alarmados, los cazadores salieron presurosos a poner esto en conocimiento de las autoridades.

Armados de fusiles y machetes y acompañados de perros, recorrieron en agotadoras jornadas, los sitios inaccesibles y escabrosos del agreste lugar durante 13 días. No ahorraron esfuerzos por encontrar a Magolita, pero la búsqueda fue infructuosa e inútil, por lo que se tuvo que suspender toda labor de rescate. Sin embargo, su esposo Marcelino continuó la búsqueda, y a los tres días encontró un pedazo del vestido que él le había regalado el día de su cumpleaños. Siguiendo los rastros dejados por el enorme animal encontró la cueva que servía de rústica vivienda.

Receloso y asustado Marcelino indagó lo rústico de la cueva; súbitamente dio un grito desgarrador de terror rompiendo el silencio que allí rienaba. Por fin descubrió a Magolita. El cuadro que presenció lo llenó de tristeza y espanto. Ella, semidesnuda, cadavérica y rasguñada por todo el cuerpo, yacía inconcientemente sobre una especia de cama hecha de trozos de madera y maleza, empotrada entre los troncos de un árbol. A su alrededor vio con estupor unos trozos de carne cruda y unos frutos silvestres.

Asustado salió corriendo a pedir auxilio, llegando luego acompañado de varios cazadores ya que él no pudo sacarla de esa cueva. La levantaron y se la llevaron cuidadosamente por miedo de encontrarse el gigantesco animal y por la pronta atención de la víctima.
No habían avanzado mucho cuando escucharon los espantosos gruñidos del animal, que inmediatamente fueron identificados como los de un oso. Comprendieron la magnitud de la tragedia. Magolita había sido por más de 15 días la mujer de un oso. Pasaron los días y Magolita jamás volvió a hablar, se le veía siempre con la mirada perdida indicando a las claras que no se había recuperado del trauma ocasionado por esa relación. Al poco tiempo murió llevándose a la tumba el secreto de este insólito suceso.

Las “malas lenguas” dicen que el oso fue muerto en singular duelo por Don Erasmo Rodríguez, cazador de origen y oriundo de Venecia, que en desigual pelea le asestó varios peinillazos, acabando así una de las leyendas sucedidas en el municipio de San Bernardo en la región de Sumapaz.

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