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Meicuchuca y La Serpiente PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 05 de Diciembre de 2007 18:48

“Según la leyenda muisca, hace muchos años vivía en Bacatá el Zipa Meicuchuca, quien tenía varias esposas, escogidas entre las más bellas de la tribu. Sin embargo, él anhelaba el amor de otras mujeres que fueran desconocidas en el pueblo Chibcha.

Una anciana le trajo una bella mujer que era desconocida en Bacatá. Meicuchuca quedó fascinado de su hermosura y se enamoró con pasión frenética. Decían sus súbditos que todo su entretenimiento lo hacía de noche y de día con la mujer forastera, olvidándose de las demás mujeres, sus esposas.

La mujer principal llena de celos le consultó a un xeque o sacerdote muisca, quien antes de dar la respuesta de los dioses, la hizo ayunar y dar las ofrendas al santuario. El xeque le exigió que como penitencia debía ayunar durante doce días, aún cuando se viera al borde de la muerte; que viviera en castidad durante esos días y que no se bañara el cuerpo. La cacica hizo el ayuno mandado y las demás exigencias del xeque, pensando siempre en su anhelo de volver a atraer a su esposo Meicuchuca. Le llevó el tunjo (figura en oro) de la ofrenda a los dioses para recibir la respuesta; el xeque alzó el tunjo implorando la respuesta, que fue acogida con beneplácito.

El xeque le ordenó bañarse, vestir un traje nuevo y arrimarse a la cama, cuando estuviera el Zipa con su amante extrajera. Así lo hizo, y cuál sería su sorpresa cuando lo encontró dormido al lado de una enorme serpiente.

La cacica sorprendida regresó al bohío del xeque y le contó lo sucedido con la serpiente de Meicuchuca. El xeque le ordenó que invitara a la hermosa forastera para que ambas se fueran a bañar en el río Bogotá. En un paseo que hicieron la cacica principal y las demás mujeres de Meicuchuca con la amante forastera del Zipa, en su lugar de recreo, cerca del Salto de Tequendama, se bañaron todas en el río. El espanto y la gritería fue común entre las mujeres del cacique, cuando la amante forastera se convirtió en una gran serpiente y desapareció entre las aguas.

Así terminaron los celos de las esposas de Meicuchuca, quienes hicieron ricas ofrendas a los dioses y reconquistaron el amor del Zipa, aterrado ante lo ocurrido con la amante forastera, convertida en serpiente.

Tomado de Mitos y leyendas de Javier Ocampo

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