El Picadero PDF Imprimir E-mail
Lunes, 31 de Mayo de 2010 17:55

Los Gitanos en Fusagasugá

Para quienes vivimos la niñez durante las décadas de los años cincuenta y sesenta podemos evocar de este sitio ubicado en lo que hoy es la carrera cuarta entre calles quinta A y Sexta al que denominábamos el Picadero, donde posteriormente fueron construidas las casas de Instituto de crédito de territorial habitada por prestables miembros de la ciudad fusagasugueña como los Pabon, Los Gómez Montes, los Gaitan, los Medinas y otras familias que escapan  a nuestra memoria.

A este lugar llegaban todos los espectáculos que eran la atracción para los habitantes de la ciudad, la ciudad de hierro con su altísima rueda de chicago, su rueda de caballitos, sillas voladoras y en fin todo lo que ha esas calendas eran llevados para atracción de chicos y grandes donde los mas mayorcitos hacían las conquistas y el inicio de nuevos amoríos al calor de los sustos y el observar la población del punto más alto de la ciudad después de las torres de la iglesia desde un punto movible.

 

También era el punto   obligatorio de las periódicas de los circos con sus payasos y trapecistas y por supuesto los programas de dobles donde con una boleta podían asistir a las funciones dos personas acompasados con sus eternas despedidas que regularmente duraban entre dos y tres meses seguramente mientras se resarcían de las pérdidas que la movilización les generaba.

Cuando el lugar cambiaba de oficio   recibía entonces las grandes carpas y la tropa de Gitanos a quienes nos prohibían ir a verlos porque decían que ellos robaban niños pero esto no nos impedían mirarlos de reojo para admirar a sus mujeres en la tarea de adivinar la suerte con la lectura de cartas, manos y demás y sus atuendos raros y pocos conocidos por sus coloridos, con los caballos, pailas de cobre y los atuendos de los hombres.

Cuando no prestaba estos servicios era el picadero pues allí mantenía la Policía sus caballos y además era el ring obligado de los alumnos Ricaurtinos    para dirimir sus rivalidades regularmente por faldas elegibles de las niñas del Colegio de la Presentación donde a más de utópicos pocos eran los que se atrevían por lo menos a hablar a una de las damas de la historia y causa de las confrontaciones que regularmente las corregía el Profesor Guillermo Nívia Hurtado con buenas dosis de gasa y mertiolati un dos en conducta, pérdida de la libreta de calificaciones en el siguiente primer viernes y la visita de los padres de familia a reclamarlas con la reprimenda del padre Gutiérrez.

Posteriormente este espacio fue trasladado a la carrera octava con calle 10ª, lote del Municipio y que hoy se ha convertido en parqueadero sin conocer   las razón sobre el cambio de propietario de uso y propietario cuando se decía que allí se construiría una zona de parque según la voluntad de la persona que lo dono con este fin.

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