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Martes, 15 de Septiembre de 2009 03:53

LUCAS FERNÁNDEZ PIEDRAHÍTA

La única relación de la crónica sobre los Sutagaos, su ubicación e historia, la deja Fernández de Piedrahíta. Nace a principios del siglo XVII, obtuvo por oposición el curato de Fusagasugá y después el de Paipa. En 1676 es nombrado Obispo de Panamá, Fallece en Panamá en 1688 el Link a la obra de este sacerdote lo encuentran en Bibliografía Digital.

 

Dijo el Obispo sobre las familias indígenas:

Libro I Capítulo II......Para mayor claridad de esta historia, que todas estas provincias incluidas dentro de aquel círculo de otras más distantes que hicimos, contienen y se componen de seis naciones principales, de las cuales cada una separada comprende dentro de si otras muchas agregadas por la comunicación y amistad, ó semejanza del idioma. La primera de los Pantagoros que habitan (como dijimos) de la otra parte del río grande de la Magdalena, y tienen como inferiores á los Camanaes, Guarinoes, Marquetones, Guascuyas, Pijaos, Gualíes, Guaguas y Doimas. La segunda de los Panches de esta banda del dicho río grande, á quienes se juntan los Calandaimas, Parriparries y Amurcas. La tercera de los Sutagaos, que dominan á los Sumapaces, Cundayes y Neivas. La cuarta la de los Chitareros, que incluyen á los Timotos, Barbures, Cayos, Chinatos, Surataes, Motilones, Capachos y otros muchos que se corresponden con ellos. La quinta la de los Laches, hermanada en trato y amistad con los Ipuyes, Caquesios, Tamez y Achaguas. Y la sexta y última la de los Mozcas, que habitan en el centro y corazón de todo el Reino, y es su provincia como el meollo de toda la tierra, debajo de la cual comprendemos la de Guane, que cae en la jurisdicción de Vélez, y la de Muzos y Colimas, que está entre ella y la de los Panches.

.....Natagaimas, ..... Sus armas son las mismas que las de los Pijaos, su aspecto feroz á la vista: criasen en región muy cálida y fértil, y así salen altos de cuerpo y fornidos de miembros; y porque al nacer tienen costumbre de poner entre dos tablillas la cabeza tierna de la criatura desde el nacimiento de la nariz para arriba, de suerte que no quedo redonda sino aplanada (en que los imitan los Pijaos y Panches), se les aumenta nueva ferocidad a la vista: y últimamente son celosos en tanto grado, que no se hallará en sus pueblos mestizo que sea hijo de español y de india de su nación, porque temerosas las madres de la condición de estos indios, si acaso por flaqueza han tenido ayuntamiento con algún hombre blanco se van a parir a los ríos (costumbre usada en ellas) y si por el color de la criatura reconocen que tiene mezcla, la ahogan para que también lo quede su delito.

Los Sutagaos sus confinantes
, y de los Mozcas y Panches, poblados entre los dos ríos de Pasca y Sumapaz (que entran juntos con el nombre de Fusagasugá por la jurisdicción de Tocaima hasta encontrarse con el río de la Magdalena) son de mediana estatura y de pronunciación tan meliflua, que bien claramente dan a entender la cortedad de su ánimo. tenían por su principal ocupación saltear en cuadrillas por los caminos, no con ánimo de matar los pasajeros, sino de robarles la hacienda, y tenían así mismo por sacrificio el más acepto la ofrenda que hacían de lo robado a ciertos ídolos de oro, barro y madera que adoraban: de suerte que no habían de entrar en sus casas después de haber salteado, sin que primero llevasen al templo el robo, y allí ofreciesen de él la parte que les pareciese, llevándose lo demás para gozar de ello como de cosa santa, que había pasado por manos de Sacerdotes; y es cosa de notar, que no ofrecían jamás un maravedí solo de su hacienda, pareciéndoles que el ídolo no quedaría contento sino fuese con parte del hurto. Oh! cuántos Sutagaos perece que hoy viven con los mismos ritos, pues guardando lo propio, no saben ser liberales, sino es de lo ajeno! Y cuántos ídolos permanecen afianzando su adoración en la parte que les cabe de lo robado! Sus armas eran flechas envenenadas, y las más temidas, las yerbas venenosas de que abundan y de que se valían para matar á los que se les antojaba, con pacto tan especial del demonio, que haciendo una raya con el veneno en algún camino, moría solamente el que querían, aunque otros muchos con él lo atravesasen. Con los Pijaos tuvieron estrecha confederación en sus guerras al tiempo de la conquista, y á los Sumapaces, Doas y Cundayes, dominaron más con el espanto de sus hechizos y yerbas, que con el valor de sus armas.
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