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Sutagaos y Quimbayas PDF Imprimir E-mail
Sábado, 24 de Noviembre de 2007 19:25

Como prueba de la estrecha unión de estos pueblos Sutagaos llamados erróneamente Panches con tribus muy lejanas, presento a ustedes esta indagatoria completa que aparte de ser un hermosísimo e importante documento nos señala la existencia de esa unión y regencia sobre los Quimbaya que se prueba en esta misma indagatoria entre otras cosas por el hecho de que las cabezas de los cristianos que tenían los Quimbaya fueran llevadas al Sumapáz. El cacique Acaima que lidera esta revuelta (Simón tomo V pagina 293) fue muy pero muy nombrado en la crónica pues sus correrías vestido con una falda roja que perteneció a una española que mató en uno de sus asaltos lo hizo famoso, era del pueblo de Pandi Cundinamarca sobre el río Sumapáz por lo tanto Sutagao.

La Rebelión de 1557

Preguntado si las dichas yanaconas le dijeron a este testigo de que manera dijeron los dichos indios panches que vinieron a llamar a estas yanaconas, qué era aquel dios de oro y qué grande y si venía el por sí o le traía alguien.

Dijo este testigo: que decían que era chiquito y de la forma de un indio mismo y que le traía a cuestas un indio panche y que no tenía vestidura ninguna sino todo era de oro. Y que el dicho dios de oro hablaba a los dichos indios de Quimbaya en su lengua y decia el mismo diablo de oro que: "¿dónde estaban los dichos indios tarrapa?", que se los llamasen. Y que no hablasen con los indios de Ancerma, para que no lo entendiesen los cristianos, que después de muertos los cristianos de Cartago, luego habían de venir a matar a todos los cristianos de Ancerma.

Preguntando este testigo si aquel diablo de oro peleaba y ayudaba a los indios contra los cristianos en las guazabaras.

dijo: que no peleaba sino que les decía que cuando viniesen juntos los cristianos con sus caballos, sacaría fuego de debajo de la tierra y los quemaría.

Preguntado que "¿dónde decía que este diablo de oro había venido?".

dijo: que decia que del cielo había caído y que él era hijo de otro diablo de oro que estaba en los panches. (3)

Preguntado: "¿qué hacía aquel diablo de oro en los panches?".

dijo: que decia que el estaba sentado porque era muy viejo y que dijo a su hijo cuando le envió a Quimbaya con los indios panches. que si los cristianos matasen los indios, que enviase a un indio a llamarlo, que el vendría a ayudar a los indios quimbayas con otros muchos indios de allá de los panches.

Preguntado si sabe "¿qué otras cosas ha dicho y dice este diablo chiquito a los indios quimbayas?".

dijo: que le dijeron las dichas yanaconas que les decía este diablo de oro que los puercos y caballos no les diesen a sus amos sino que los puercos se los comiesen ellos y no quedase más de dos para criar; y que las gallinas y gallos y conejos, que los matasen, que no eran buenos para ellos, y que con los puercos criasen y lo demás matasen; y que no criasen pato ninguno, que todos los matasen y que los curies, que eran suyos, los criasen. Y que les envió este diablo de oro a todos los indios de Carrapa un leño encendido con lumbre y les envió a mandar que toda la lumbre que tuviesen en sus casas y en toda la provincia, la matasen (4) y no tuviesen fuego ninguno sino lo que encendiesen con aquel tizón encendido que les enviaba, y que las piedras sobre que ponían las callanas y ollas en que hacían mochuahas (?) y mazamorras y otras cosas de comidas, las quitasen y pusiesen otras nuevas. Y [que] quemasen las estancias de los cristianos y que no viviesen en ellas, y que hiciesen ellos otras casas para si y que sus casas de los pueblos de todos los indios las quemasen e hiciesen otras nuevas.

Y que también decía el dicho diablo de oro. que [él] era padre de todos los indios y todos eran sus hijos y que le dolía el corazón por verlos maltratar de los cristianos, pidiéndole oro, mantas, indios para la mina y doctrina para su servicio, y trayéndoles cargados y por ver que les cortaban las narices y las manos y los ahorcaban y los echaban en los cepos, teniéndolos atados. Que por esto había mucho dolor de ellos, que mis valía que todos muriesen antes de servir a los cristianos y que él venia para ayudarles a matar a los cristianos y que no les tuviesen miedo, y que los arcabuces que traían los cristianos, decía el diablo de oro. que eran suyos, y que él se los había dado a los cristianos. y que lo que echaban [agua de bautismo] no era nada ni valía nada. que era como agua.

Y decia más el dicho diablo de oro a los dichos indios, que él estaba arriba cuando enviaba a los cristianos acá para que mirasen por los dichos indios, y ahora, como ha visto que los tratan mal, que él [ha] venido. para que los indios traten mal a los cristianos y ayudarles a ellos a matarlos, porque él es su padre y todos ellos son suyos, que [él] les da el sol y la luna y él los hizo y les da el agua y los maices y frutos de árboles y que creó a todos ellos y que son suyos todos y no de los cristianos. Y que por eso él viene a los ayudar para que moten a todos los cristianos para después de muertos todos. que no haya ningunos, que ellos holgarán y [se] seníarán en sus casas y beberán y comerán como primero que él enviase los cristianos.

Y que las cabezas de los cristianos que habían muerto los indios de Quimbaya, le dijeron estos dichos yanaconas a este testigo, que las habian llevado al padre de este diablo de oro que estaba en los panches...

Y también decía el diablo de oro que. de mirar desde arriba muy alio. por ver si venían los cristianos por los caminos, tenían ya cansados los ojos y que como vio que no venían ningunos, calló (?) y vino a Quimbaya para matar a los cristianos que allí estaban, porque desde arriba donde estaban, miraba con sus ojos como trataban mal los cristianos a los indios y que por esto quería hacer noche a todos los cristianos y a los indios y que no saliese más el sol. Y que después volvió y dijo: más no quiero, porque a vosotros. los indios de Quimbaya, los quiero mucho y no quiero hacerlo sino que matáseis a los cristianos y que vosotros viváis y os aseméis en vuestras casas y bebáis y os holguéis. como no haya cristianos.

Preguntado a este testigo diga y declare qué otras cosas más se le acuerda que le dijesen los dichos yanaconas que les habrían dicho que decía el diablo de oro.

Dijo: "que no se acuerda de más, que no lo escondiera si lo supiera".

Desde 1985 tengo conocimiento de la existencia y hallazgo de los restos minúsculos que pertenecen a estos pequeños seres que conviví­an con el pueblo precolombino de los Sutagaos, cultura desconocida para nosotros pese a ser cabeza de una de las siete familias en las que se dividieron en tiempo de la colonia las tribus colombianas y fueron entre otras cosas deformadores de cráneo, más esta pequeña perla de los pequeños homí­nidos que protegí­an.

Busqué y sustenté su existencia con las pruebas materiales que son la presencia de pedazos de pequeños tronos o asientitos que se encuentran como único elemento dentro de "tumbas" del sector que yo conocí­ y denuncié hasta el cansancio.

Sostuve el hecho con las crónicas existentes que describen ampliamente a estos seres, pero no fue tenida en cuenta mi apreciación, "el horroroso exabrupto" por mi planteado en ese entonces con el hallazgo de los restos de Indonesia, hoy no existe.

Son varios los testimonios por mi recogidos (algunos trasmitidos a las autoridades) sobre la existencia de estos diminutos esqueletos en la región denunciada, desgraciadamente la poca cultura de las personas que los han encontrado y la falta de interés de nuestros investigadores son los culpables de su perdida, pero el territorio estoy segura aun guarda algunos de ellos.

Los testimonios por mi recogidos sobre el tamaño de los cráneos hallados no llega a 350cc de masa encefálica lo que darí­a según establece la ciencia una total estupidez en los individuos que tuvieran esta caracterí­stica.

La crónica desmiente esta aseveración de la ciencia pues los pequeños seres son descritos con proporción perfecta acorde con el sapiens moderno, tenidos además como cabeza intelectual dentro de las tribus mencionadas, las "tumbas" y lo magní­fico de su construcción nos hablan de la jerarquí­a de sus destinatarios dentro de la comunidad con la que conviví­an.

Estos pequeños seres no fueron en ningún momentos una desviación de la naturaleza como es la enana del sapiens, pues esta conlleva la desproporción que conocemos y conocí­an como caracterí­stica principal los relatores del momento, hecho que es rápidamente aclarado por los mismos y son enfáticos en ello, TODOS.

El cuestionamiento es: si es una raza pigmea de genero sapiens seria más pigmea que la africana, o un homí­nido de una especie diferente lo va a contestar la ciencia y tecnologí­a, en el momento en que se les entreguen esos restos.

Rogué en 1985, en 1987, 1999 en vano y ruego ahora en esta web, por un especial cuidado en estas regiones de Colombia donde se encuentra la evidencia de estos seres.

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