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La festividades modernas PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:11

El siglo de la modernidad traería consigo el fortalecimiento de las fiestas patronales, motivadas entre otras cosas, por un amplio negocio de licor.  En suma a ello estaban las religiosas originarias de la colonia, las patrias, políticas (elecciones), y ahora las fundamentadas en atraer a turistas.  Todo ello con  un amalgama cultural suscitado por la migración que no ha dejado de traer gente a Fusagasugá, primero buscando trabajo en los cafetales y luego con la promesa de una vida mejor.

La fiesta dejó de realizarse de manera exclusiva en la plaza y los salones de las casas de los personajes más influyentes del municipio, para producirse en las chicherías, cantinas, bares, prostíbulos, discotecas y clubes.  Este tipo de nuevos escenarios va a tener a la chichería como uno de los más significativos, no sólo por su número, también porque fue allí al lado del licor y la música -a veces el baile- los machos definían las tácticas de protestas a utilizar en defensa de sus derechos, vulnerados por los hacendados cafeteros, mientras las mujeres escuchaban y grababan las distintas retóricas para que al día siguiente ellas mismas reanudaran las conversaciones rotas por la embriaguez.

Eran estas mujeres sin nombre, discriminadas por las que podían participar en fiestas de los salones del entonces Club Fusagasugá, las mismas que conservaban y difundían la memoria local, que provocaron que los movimientos sociales se fortalecieran, se constituyen al igual que en un escenario anterior en reproductoras sociales, es decir, mantienen la cualidad de trascender el tiempo y el espacio e ir al origen, recordando, atesorando, pero continuamente restituyendo, para que la sabiduría popular fuera y sea usada. 

Pero también el desarrollo material de la ciudad contribuiría a los cambios en los rituales interactivos de la fiesta, pues desde 1922 comenzó a existir la noche con la energía eléctrica, empero este paso para construir lo que hoy se llama vida nocturna de forma una tanto más democrática se tardó hasta los años setenta, cuando se incrementó de manera considerable las discotecas, espacios en los que no sólo se bebe, sino donde la música sirve para hacer un hervidero de cuerpos humanos.

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