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San Pedro y la chicha PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Abril de 2008 20:09

Sincretismo a flor de piel

La cultura europea se impuso a la nativa, violencia evidente que se hace palpable en la fiesta.  Los rituales indígenas son sustituidos por celebraciones cristianas; Año Nuevo, Semana Santa, Corpus Christi, San Pedro, San Juan y Navidad, desplazan a la luna y a las estrellas.  El aguardiente debe desplazar a la chicha y al guarapo, la llegada de un nuevo cacique se hace marginal con el arribo de un nuevo rey, virrey, corregidor o cura.

El desplazamiento a La Aguadita o al Quininí, se remplazó por misas y corridas de toros.  El nuevo espacio urbano, que dio cabida al pueblo de indios de Fusagasugá, se originaba en un cuadrado, denominado la plaza mayor, fue el escenario de procesiones, misas, baile y música. En torno a ella se rezaba, pues en cada una de sus esquinas existía una ermita (característica del pueblo de indios), junto a las cuales los indios se detenían mientras se escuchaban cantos gregorianos. 

La fiesta incluye también nuevos aires musicales, por ende distintos instrumentos para interpretarla, tales como la guitarra, la vihuela, campanas, arpas, flautas, trompetas, mandolinas y hacia los siglos XVII y XVIII se comienzan a encontrar los violines, tambores, clavicordios, acordeones y órganos.

Las instituciones coloniales de los cabildos y cofradías no pudieron evitar que se conservaran y se mezclaran tradiciones indígenas autóctonas y tradiciones africanas con creencias religiosas cristianas y valores culturales españoles. Esta mezcla de una y otra cultura, en una nueva síntesis, es la que se denomina como sincretismo que, en opinión de Fals Borda, fue otro de los mecanismos de supervivencia utilizado por las clases dominadas.

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