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Martes, 15 de Enero de 2008 17:52

Excelentísimo señor:

En cumplimiento de superior orden de vuestro Cabildo, emprendimos el viaje para este valle el día 19 de diciembre del año próximo pasado y llegué a él el día siguiente, a las tres de la tarde.

El camino desde esa capital, pasando por la inmediación del pueblo de Bosa, y encabezando por el de Soacha hasta lo que llaman la Casa Blanca, es llano, y de buen piso en verano; pero a poco que llueva se pone muy resbaloso, y lo mismo prosiguiendo desde dicha casa hasta San Fortunato, que es de unas lomas de tierra que se caminan por varias veredas estrechas, con muchos derrumbadores resbalosos, y por lo mismo peligrosos para las cabalgadoras y caminantes, que no pueden afirmar el pie, atravesando en dicho camino dos veces el río de Sibaté: de allí se prosigue hasta lo que llaman el Puente de Nobas, en que se encuentran varios pantanos y atolladeros de piso muy desigual y embarazosos, y desde este paraje a lo que llaman El Peñón, o Boca del Monte, algunos callejones, atascaderos, y dos empalizadas bastante largas: luego se emprende la bajada a una loma con varios callejones estrechos, con filones y saltos, hasta llegara la quebrada que llaman Las Cubias, volviendo a subir otra loma algo más moderada, que al bajarla se encuentran algunos atolladeros, y se prosigue por otras lomas cortas hasta la quebrada que entra en el río del Monte, próxima al puente, de malísimo vado, por las machas piedras y poco titulado que han tenido para su composición; inmediatamente se pasa dicho río por un puente de madera de poca seguridad; éste viene por entre unas montañas muy escarpadas, y tiene en su cauce o canal formidables peñones poco más abajo está el vado de mal piso a causa de las mochas piedras grandes que tiene; a mano derecha se parte el camino que llaman de Bermejal; el que, orillándose el río con muchos atolladeros, sale a unas sabanas de buenos pastos que se dilatan hasta el puente del Chorro en el mismo río.

Pasando el puente del Monte, a la izquierda, se prosigue faldeando una montaña de bastante elevación, subiendo una loma de más que regular eminencia hasta lo que llaman Cruz Grande, de malísimo piso, y muchos atolladeros, hasta volver a bajar a la sexta quebrada, que así la nombran, y por inferiores números a las cinco, que prosiguen intermediando de unas a otras; otras tantas lomas de igual piso y atolladeros que la anterior, todas ellas tienen muchos vados, que poniendo los puentes se pueden evitar, y también los atolladeros de sus barrancas, que son muy pendientes, y con algunos saltos, después de pasar la última quebrada, que llaman La Primera, en la misma falda de la montaña se encuentra la iglesia de la parroquia de Fusagasugá, a la que acompañan ocho y diez casas, que forman una placeta; las más de ellas están de prevención para hospedarse sus dueños cuando van a misa los días feriados. Todos los demás vecinos de dicha feligresía, que son doscientos treinta y siete viudos y solteros, con el número de mil trescientas veintitrés almas, según el padrón que me entregó el Alcalde, tienen sus habitaciones regadas por los montes y barrancos (algunas a más de cinco horas de camino), y tal cual en una sabaneta próxima a la parroquia entre la que intermedia una quebrada caudalosa ea invierno, y por las muchas piedras en verano.

El temperamento donde está la iglesia es algo frío, muy destemplado y húmedo, el que tienen sus vecinos por poco saludable; algo más benigno es luego que se pasa la quebrada ya dicha con la particularidad que cada cuadra de terreno lo tiene con sensible variación.

La extensión de la sabana que comprende o forma el valle es tan corta que se puede en poco más de una hora atravesarla por cualquier parte; toda ella está regada de piedras, y sólo puede aprovecharse para pastos de ganados, donde se cría tal cual res de algún vecino, y muy poquísimo de lana.

En la caída de dicha sabaneta hay dos haciendas: que una se llama La Compañía, y ésta posee la mayor parte de esta otra que se llama de La Puerta; ambas tienen sus trapiches, y aunque la última tiene dos de una y otra banda del río, no son de consideración; las sacas de miel, que es lo único que tienen algún producto, porque el ganado que crían es muy poco, y esta última está ya fuera del valle, lo que  también posee un pequeño cacagual y una meseta muy dilatada, que  aunque teniendo los ríos Cuja, y otros, y Fusagasugá a sus costados,  carece de aguas por lo elevado de sus barrancas, siendo esto causa de  que se pierdan los abundantes pastos que cría.

Los vecinos de dicha parroquia se aplican a sembrar muy parcamente y esto próximo a sus habitaciones, reduciéndose a muy poco maíz, yuca, arracacha, y tal cual mata de plátanos que con escasez alcanzará para su precisa manutención, y no todos logran de igual proporción por no ser el temperamento donde tienen sus habitaciones apto para aquellos frutos, y no querer separarse para buscar la comodidad en otra parte para aliviar su miseria. Por lo general son muy flojos para cualquier trabajo, privándose del mayor interés por no sujetarse a el, que siendo propio de la ociosidad entregarse a los vicios, en ellos predomina (a lo que se ve) el del juego, del que resultó una muerte poco antes que yo llegase.

Habiendo oído decir de la fertilidad de este valle y sus muchas producciones, deseaba ver el expediente, para cerciorarme de las utilidades que se podrían esperar; pero visto, no encuentro que desde el año treinta y ocho se haya presupuesto ninguno, ni han tenido otra solicitud los habitantes de él que la de componer el camino y el puente del río del Monte, para la comunicación con esta capital, hasta el año pasado de ochenta y tres, que además de dicha solicitud se le pondera de utilidades y producciones que no se encuentran; porque el que en alguna meseta o trechecito se pueda crear alguna mata de las muchas semillas que proponen, bien se echa de ver qué acopios se podrán hacer para, mandar a otras partes, y aun cuando quisieran sembrarlas, no sustraerían a otros costos del que se dedicase a ello, así porque no todo el terreno es aparente y porque como era menester para hacerlo desmontar las faldas de algunas montañas. Sólo he podido adquirir noticia de que hacia el río de Subia se encontró algún trigo y que es prueba de la poca utilidad cuando no se ha vuelto a sembrar: arroz, anís, garbanzos, cáñamo, ni otros frutos de esta naturaleza, hasta ahora no se ha visto cosecha alguna, ni aun se ha sembrado (según dicen los moradores) en lo que comprende el valle, aunque se incluye todo lo que corresponde al Corregimiento desde el lado acá de San Fortunato, porque según se ve en uno de los informes del expediente, parece se quiere hacer creer que toda la comprensión de él sea valle de Fusagasugá; siendo así que entre unas y otras poblaciones intermedian muchas montañas, zanjones y quebradas de ásperos y difíciles caminos, con algunos voladeros y despeñaderos que para dar mejor conocimiento comprende dicho valle, me ha parecido conveniente estamparlo en la  tarjeta del plano que acompaño de la situación de estos parajes, según el visual que se descubre desde el pueblo de Tibacuy, que aunque distante de él le predomina con bastante elevación, sin recelo de que los engaños que suele producir la vista confundan su verdadera situación.

Desde que se llegó a la quinta quebrada por el camino que viene  de esa capital, se encuentra en la montaña la especial y saludable producción de la quina amarilla, roja y blanca, la que signe fructificando con algunos intervalos toda la cordillera, donde están situados a su falda los pueblos de Pasca y Pandi y las parroquias de Icononzo y Cunday (que allí llaman montaña de Sumapaz), prosiguiendo hasta los  Andaquíes, que según la variación de los temperamentos que goza aumenta su actividad; la roja que se encuentra en los parajes de Icononzo y Cunday, se tiene por la más selecta, nada inferior es la de que abundan los montes y cordillera de Balunda, Pagüey y Viotá, que caen a espaldas dé la serranía del Jacuy, la que ,prosigue enlazada con  otras varias serranías o montañas hasta el monte de Tenasucá o de Tena, donde también se encuentra la quina que llaman bastarda o mestiza.

La llamada terciopelo, aunque no tan abundante, fructifica en varias partes eminentes de dicha cordillera, y tales cuales árboles en parajes varios, como es en lo que llaman Sabia. La producción de dicho específico es abundantísima y de que se pueden hacer crecidísimos acopios, con la proporción de poder embarcar por donde llaman la Mesa de los Limones, o a su frente en el río de Fusagasuga, próximo adonde se debe beneficiar (cómo lo tengo reconocido) para seguir el río de la Magdalena, a la mar y Europa, y como que están ya practicadas todas las prevenciones, que se dignó encargar Vuestra Excelencia así para su aumento como para su mejor conservación, especulación que se debe hacer con las porciones que de todas especies he hecho beneficiar en los tiempos más oportunos, darán el conocimiento de los parajes donde se  deben hacer dichos acopios, que de cualquiera de ellos está próximo al  embarco con considerable ahorro del costo que han cansado las anteriores remesas a Europa.

Las demás producciones de este valle no merecen la mayor atención, pues la que corresponde a maderas, aunque es recogida por estas inmediaciones, más de cien calidades de ellas, mucho más especiales se encuentran en otras partes con más proporción para poderlas beneficiar, de los frutales sólo las chirimoyas se llevan la fama, y más ésta que el fruto que se logra por su escasez. Los cacaguates y añiles que dicen se dan en sus inmediaciones son también muy escasos y de poca utilidad, minas y otras producciones subterráneas nadie da razón de ellas ni se han visto por estos parajes. Las manufacturas de algodón, en particular paños de manos y ruanas, son especiales, y más lo serían si se fabricasen con más ligereza, porque en cada una de dichas piezas suelen tardar un ano o más, lo que a mi pesar me hace ver la experiencia, y como son pocas las personas que se ocupan de hacerlas, con demasiada dificultad se consigue alguna teniendo la pensión de traer de esa capital el algodón que necesitan para trabajar dichas piezas, y otros forzosos menesteres, que siendo ésta una de las producciones tan necesarias, y que tanto se pondera en el expediente, nadie se ha dedicado a sembrarlo, y por consiguiente cualquiera que venga a estos parajes se ve precisado a proveerse de esa capital de cuanto haya de menester para su subsistencia.

Pero siendo forzoso a los vecinos de otras poblaciones más distantes traficar también por el camino que sigue a esa capital, será de sumo beneficio su compostura; hasta ahora se ven precisados a transitarlo, además de los de esta parroquia, y los de los pueblos de Tibacuy y Pandi, también los de los feligreses de Icononzo, Cunday, Melgar y Nilo; en todas éstas hacen crecidas engordas de ganado de cerda que conducen por dicho camino a esa capital, aventajándose en este comercio los de Icononzo y Cunday, por ser mayores y crecidas las cosechas  de maíces que logran.

Mucha más utilidad resultaría al pueblo su compostura para conducir los ganados vacunos, que de la parte de Neiva transitan a Santafé por la mucha más proporción de pastos y aguadas, que se encuentran en algunos días menos de camino, apartándose desde la parroquia de Santa Rosa (situada a orillas del río de la Magua) del que ahora usan por Tocaima, escaso en un todo de este beneficio, que pueden también los transeúntes y traficantes de otros comercios lograr dichas ventajas.

Para verificar dicho camino desde Santa Rosa precisa componer la subida y bajada del boquerón de la loma de Garrapata, y se evitará esta mayor subida, que continua hasta la cordillera de la misma loma, que es muy pendiente y de malísimo piso con la vereda muy estrecha y dos voladores de uno y otro lado, y con más de dos o tres horas de rodeo hasta bajar al llano por donde atraviesa la quebrada de Apicalá, y allí atravesar el río que baja del monte de Fusagasuga, incorporado ya con otros muchos por donde dicen Aguasblancas, que debe ser en barqueta, echando las bestias por el vado, que aunque es ancho no tiene mayor peligro (y desde donde en tiempo de invierno se vaya en balsas con ganado de cerda hasta el de la Magdalena), luego se sube a la Mesa de los Limones, de muchos pastos, la que se atraviesa de punta a punta a subir la loma de la Honda (dejando las parroquias de Melgar sobre la derecha, y la de Nilo sobre la izquierda, una u otra bien distantes del camino) a bajar la quebrada y atravesando por el sitio de San Bartolomé, llamado así por tres o cuatro casas que hay regadas en aquella hondonada, que siendo aparentes para siembras de cacaguates se aprovechan muy poco de tan bella proporción, y se prosigue subiendo hasta lo que llaman La Cuchillada, y faldeando por la banda opuesta a la loma o sierra de los Panchos, se pasa por el sitio de Balunda, de iguales circunstancias que la anterior; después se atraviesa el monte de Pagüey, de unas tres horas de camino, con algunos fangales, a bajar a la quebrada y sitio de San Lorenzo, y faldeando el cerro de Tibacuy por su mediación, después de pasar por dicho pueblo y algunas quebradas, se baja en el puente del Chocho, por donde se vuelve a pasar dicho río de Fusagasuga, que orillándose sobre la izquierda, se prosigue par el camino de El Mermejal, como llevo dicho,  hasta el puente del monte, que se vuelve a pasar para seguir a Santafé, quedando dicha parroquia de Fusagasuga apartada más de una hora de camino sobre la derecha; dicho camino es el que encuentro por más cómodo y conveniente, y del propio dictamen son todos los vecinos, sin que para esta me mueva otro objeto que acertar a cumplir con las superiores órdenes de Vuestra Excelencia, y a excepción de los dos montes que uno y otro no carecen de aguas lo restante de él es abundantísimo de pastos, que advierto de una vez se puede conservar por muchos años con muy poco trabajo.

Para poner poblaciones en dicho camino sería preciso mover las iglesias donde están situadas, porque todas ellas carecen de suficientes vecinos para sufragar a la congrua de sus Párrocos, con la pensión de administrarlos a largas distancias por lo descarriadas que tienen sus habitaciones, que es cuanto se me ofrece informar a Vuestra Excelencia para que en su vista disponga Vuestra Excelencia lo que sea de su superior agrado.

Fusagasuga, 17 de marzo de 1784.

Excelentísimo señor. 

Antonio de la Torre

La inserción de los dos documentos anteriores, del Padre García y del señor Latorre, pueden servir de punto de partida para estudiar el proceso de nuestra civilización territorial. Compárese al mismo fin la descripción de Latorre con la que hace el ilustrado doctor Medardo Rivas, de Fusagasugá en 1899. La ciudad de Fusagasugá-dice-es aseada, y si no ostenta grandes y suntuosos edificios, sí tiene todas  las comodidades de una mediana civilización, y su aspecto es simpático y risueño.

Está edificada en anfiteatro, levantándose a su oriente una cordillera levemente sinuosa, que es hoy gran pradera donde pastan rebaños, y en la cima un bosque de robles que la cubren como con un inmenso pabellón. Los alrededores están cultivados de café, y forman vastos jardines. Cristalinas fuentes que de la cordillera se desprenden, atraviesan la población con su ruido alegre y cadencioso, y como inmensa alfombra que a sus pies se extiende, está la fértil y suntuosa llanura.

Por todas partes, y como florones que esmaltan el paisaje, hay lindas quintas, casitas suizas y residencias de recreo, rodeadas de sauces, cubiertas por árboles de mangos frondosos, o en medio de jardines esmeradamente cultivados.

Pekín domina un magnifica perspectiva y tiene un baño delicioso.

La Palma, entre alamedas de frondosos sauces, de rosas y bellísimas deja ver su linda casa. Sabaneta, La Merced y otras quintas alegran el paisaje. La Rosita es un poema levantado por los genios del campo. Piedragrande es deliciosa. Balmoral es una mansión regia, con toda la belleza del campo y lo da la magnificencia de la civilización, y sobre todo  Coburgo es un soberbio palacio transportado de Alemania a Colombia con cármenes arábigos, balcones extensos, grandes salones y espaciosos departamentos..... Toda la llanura está cultivada.... . El señor Manuel Aya, a fuerza de trabajo y de economía, conquistó una pequeña fortuna  a dedicó al cultivo de 1a tierra sembró pastos y convirtió en praderas lo que antes eran montañas agrestes y nada producían. Llevó allí ganados para cebar y le dio carne al pueblo, que antes no la comía.... Cuando fuimos a Fusagasugá a pasar unos días de bienestar y recreo nos sorprendió encontrar allí  una imprenta.

El doctor Rivas escribió el interesante libro del que he transcrito lo anterior, bajo el título de Los trabajadores de tierra caliente, en que se ve cómo la labor y energía de los colombianos han conquistado el valle medio del Magdalena para la civilización. En él se ve a don Pastor Ospina, Gobernador de la Provincia de Bogotá, abriendo el camino del monte con el presidio llevado de Bogotá, y puesto a órdenes de don Lino Peña, en dirección general a La Mesa, Anapoima, Tocaima y Girardot; al doctor Benigno Guarnizo presidiendo la Junta que abrió el camino de Tema a La Mesa; a don Juan Gregorio del Cantillo embelleciendo a esta última ciudad; a don Victoriano de Diego Paredes haciendo levantar por el arquitecto Tomás Reed el puente sobre el Apulo; a los fundadoras de ingenios de azúcar y pástales de guinea José Benavides, Manuel Rodríguez, Lorenzo Salazar, Ramón Guarnizo, Matías Rubio y José María Sarabia; en terrenos de Anapoima las haciendas de Luituima, fundada por Ceferino Cantillo; la del Naranjal por el doctor Nepomuceno Duque, y la Yegüera por  José María Cantillo; a don Luciano Laverde descuajando  monte y fundando la hacienda de Las juntas, en donde  se reúnen el Bogotá y el Apulo; a don Antonio Toledo,que «apenas abría en una parte el bosque, provocaba compradores, vendía y se iba a otra, y que de tal manera trabajó, que todas las haciendas de Tocaima fueron de él;  a Andrés Torres, fundador en Tocaima de La Virginia y a Luciano Posada, de La Balsa; a los Latorres, los Titanes de la industria, según Emiro Kastos, «Evaristo de  la Torre allegaba fondos para los trabajos de las haciendas, y Alejo de la Torre dirigía los de tierra fría y tierra caliente, compraba los ganados y los ponía en movimiento  de Casanare a Tocaima; Eustasio dé la Torre, fundador  de la hacienda de Acuatá, en el Distrito de Tocaima»; a Federico y Medardo Rivas, socios de los Latorres, laborando en las haciendas del Tigre, San Pedro, El Gramalotal, frente de Ambalema, y El Diamante, en Lérida; a Montoya, Sáenz & Compañía, a don Mauricio Rizo, a don Fernando Nieto, que con su hermano fundó la hacienda de  Peñalisa; a don José Camacho Roldan; en Guaduas a Pedro Rubio Rubio, fundador de la hacienda de La Barrigona; a Lisandro Gutiérrez, de Peñasblancas; a Miguel Samper y hermanos de Vega Grande y Unión; a Antonio B. Cuervo, de Sibares, y a otros; y cultivando café a Lorenzana y Montoya, herederos de Nazario Lorenzana y Francisco Montoya, fundador de Ambalema, en  Campohermoso; a Francisco Ospina en Chimbe y en Anólaima en la Meseta de Santa Inés; a Basilio Martínez en río Dulce; en Melgara Alberto A. Williamson y a su hermano Ricardo; a Francisco Putnam en Nilo; a don Jorge Crane en Calandaima; a Eustasio de la Torre Narváez, en Ceilán y Acuatá; a Iregui Hermanos, creadores de la hacienda La Argentina  Pinto Hermanos en Santíbar, a don José Manuel Umaña San José; en el valle de Chimbe o Sasaima a don Ricardo Herrera, y entre Sasaima y Agualarga a don Roberto Herrera en su cafetal de Santa Bárbara.

Titulo: Monografías de Rufino Gutiérrez. Tomo I
Autor: Gutiérrez Rufino
Edición original: Bogotá, Imprenta Nacional. 1921
Notas: Tomo I del libro escrito por Rufino Gutiérrez sobre historia y geografía de Colombia. Contiene noticias y monografías de varios departamentos.

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