
Los campesinos arrendatarios de la hacienda “El Chocho” organizados en sindicatos desde antes de 1928, a la fecha habían conseguido acabar con una serie de dificultades que padecían como la obligación de prestar “trabajos forzados” y el trabajo voluntario, para la hacienda, por los cuales nose percibía paga alguna: obtuvieron igualmente el derecho a comercial el café en cualquier plaza, pues antes se les obligaba venderlo en la hacienda a $0.16 la carga, mientras en Fusagasugá estaba a $0.24; también hicieron eliminar una serie de obligaciones serviles como el pago en especie, el cobro por el uso del puente, la aplicación de azotes como castigo y el empleo de la tortura en el potro.
A partir de 1930 los campesinos crearon nuevos sindicatos en Azafranal, Subia, San José de las Palmas, dirigidos por los hermanos Andrés y Germán Velásquez, Roberto y Régulo Acosta, los Baquero, apoyados y orientados por Erasmo Valencia y Joge Eliécer Gaitán, quienes les prestaban asesoría en sus luchas. La nueva reivindicación que estuvo al orden del día fue la de luchar por la propiedad de la tierra que venían trabajando.
La presión sobre la tierra agudizó las luchas a nivel nacional; en este sector se destacan además del movimiento del Chocho la de la Hacienda Tolima al sur, y en los alrededores del Chocho, en el latifundio del Soche.
Las tierras del Chocho cubrían 23.850 fanegadas correspondientes a los municipios de Fusagasugá, Tibacuy y Soacha, por este entonces son dueños los hermanos Caballero (Manuel, Carlos y Angel), la administración residía en la casona donde hoy es el Club del Bosque, la comercialización especialmente del café se hacía en el sitio de “Los Puentes” en Silvania.
La movilización más importante fue dirigida por el UNIR (Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria) los días 3 y 4 de febrero de 1934. Comenzó el sábado en Los Puentes donde Jorge Eliécer terminara su alocución con estas palabras: “Campesinos: Las cadenas que os oprimían han quedado en estos matorrales. ¡En marcha sobre Fusagasugá!”. Al día siguiente llegó a Fusagasugá
Donde se concentraban con campesinos de Boquerón, Pasca y Fusagasugá. Al entrar a la plaza, las autoridades y los dirigentes políticos estaban alerta, el ambiente estaba tenso. Algunos olayistas empezaron a provocar a los manifestantes, romper banderas y acto seguido la Guardia de Cundinamarca y algunos pistoleros descargaron sus armas sobre la manifestación. Fueron muertas 4 personas, entre ellos 3 campesinos, entre quienes se cuenta Polonia Beltrán (empleada doméstica de los Velásquez), Manuel A. Flórez ( Pasca), y Gregorio Gómez de Subia: de los opositores murió Ruperto Clavijo: quedaron varios heridos, entre ellos Régulo Acosta dirigente de Subia.
Este fue el final de un episodio que venía golpeando a los parceleros, sobre todo que las llamadas “barridas” practicadas en las rancherías de la hacienda, en el sector de Subia, con posteridad a estos hechos, habían dejado 3 muertos. La agitación social impuso que el gobierno de Olaya Herrera ordenara la titulación e incluso la entrega gratuita de la tierra a los parceleros del Chocho, acontecimiento producido el 28 de febrero de 1934.
Como consecuencia de la parcelación del Chocho se inició un acelerado proceso de desarrollo de la región y se produjo la separación de Silvania de Fusagasugá.



El movimiento de los parceleros del Chocho